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27/9/10

Praga: No soy una chica de tacones altos





Finalmente tuve la oportunidad de conocer la Republica Checa, que por cierto no la llamen Checoslovaquia porque los Checos se ofenden por esto, si quieren saber más sobre la historia les recomiendo visitar páginas de internet que hablan de esto. Llegue a Praga por medio de Frankfurt Alemania en donde espere unas tres horas para mi vuelo de conexión.  Al llegar a la terminal A en Frankfurt, tuve que desplazarme hasta la terminal B, por lo tanto tuve que tomar un tren interno, luego pasar por inmigración y después pasar por seguridad. Durante mi espera por el vuelo, compre un espresso doble para aliviar el jetlag y un croissant con chocolate, aun así, me quede dormida en la sala de espera.  

Al llegar a Praga mientras el avión descendía altura, pude apreciar los campos verdes de la provincia alrededor de Praga, pequeños pueblitos, pastizales, granjas y sembradíos.  El arribo fluyo con bastante simpleza, pero particularmente me recordó bastante a Rusia, ese toque especial de la influencia Soviética.  El idioma checo es muy parecido al ruso, ya que es derivado de los dialectos eslovacos, por lo tanto no me fue difícil entender algunas palabras habladas y escritas, ya que la pronunciación es muy parecida y el alfabeto es muy parecido al cirílico ruso.
El chofer de la casa de huéspedes donde me hospede me dio un tour exprés de Praga a mi llegada, aparte de mostrarme el Puente Carlos y apunto hacia un edificio inclinado, de arquitectura moderna y vanguardista, me dijo “ese es el edificio bailarín” o lo que llaman “la casa danzante”.  El arquitecto que lo diseño pudo lograr ese efecto visual, el edificio en realidad parece estar bailando como si estuviera arqueado, me recordó el estilo de Gaudí en los edificios de Barcelona. 

Al aproximarnos a la casa de huéspedes, cambio el paisaje de la ciudad, de histórica a contemporánea, de lo legendario a lo cotidiano suburbial en Praga.  Casas de 3 o 4 pisos en su mayoría con techos rojos, paredes rodeando las casas como si fueran castillos y en su mayoría llenas de vigas con grandes hojas verdes, edificios habitacionales, colinas, súper mercados, bares, restaurantes no turististicos, escuelas y gente caminando su rutina diaria.  Este es mi tipo de lugar, el cotidiano, el que muestra cómo se vive en un lugar sin tener que caminar entre masas de turistas (lo que yo llamo manadas, algo así como estar en Disneylandia) y la invasión comercial de los suvenires, de las fotos interminables de imagines sin sentido, del clásico turista que busca retratar su imagen en cada cosa que ve, arruinando de una buena vez el paisaje de la fotografía.  Esta área residencial me recordó al suburbio en el que viví afuera de Paris en mis tiempos de universitaria, Châtenay-Malabry, pero es una combinación de Europa Oriental y occidental porque igual me recordó al suburbio en el que viví en Moscú.  Hay que aclarar, que los suburbios en Europa son totalmente diferentes a los suburbios de Estados Unidos; no son conglomeraciones de casas “galletita” que parecen copias idénticas, alejadas de la ciudad y de la civilización, apartadas de la vida social y de las áreas de peaje donde a todos lados se tiene que conducir hasta para comprar lo más elemental como huevos o leche.  Los suburbios en Europa simplemente son extensiones peatonales de las ciudades, algo así como pequeñas ciudades, con tienditas, mercaditos y comercios muy accesibles y una vida peatonal fenomenal donde los coches no son necesarios (muy parecido a México y Latinoamérica donde aun se camina).  Por doquier vez gente caminando, cargando sus bolsas de mandado, mamás con sus carriolas acogedoras e impermeables para mantener calientito al bebe durante el frio y recorriendo las calles del barrio, niños y niñas caminando a la escuela, gente adulta dirigiéndose en sus trajes de negocio hasta las paradas de autobuses, metro o tranvía. 

A mi llegada a Casa Lidia, Jan el dueño me recibió muy amable y amenamente.  Me mostro el comedor, el área de escritorios para usar el internet y mi recamara en el tercer piso.  Jan y su esposa Jitka atienden la casa personalmente con un excelente servicio, el desayuno es genial y muy variado, ofrecen distintos tipos de jamones tradicionales como el pražská šunka, prosciutto y mortadelas, huevos cocidos, vegetales fríos, pan integral con granos enteros, variedad de yogurts, cereales, panes típicos, té, café y todo tipo de jugos.  Desde el balcón de mi habitación se puede apreciar gran parte de la ciudad, fachadas habitacionales, casas enormes, Iglesias góticas, el rio Moldava y todo el carácter moderno e histórico de Praga.   Jan me explico todo el sistema de transporte público en Praga y ahí mismo uno puede comprar boletos para el transporte, mientras me daba un tour virtual por la ciudad, me ofreció un té con pan tradicional de la región.  ¡Qué buen recibimiento!
En los días siguientes mi rutina fue después de disfrutar del desayuno tan saludable y variado de la Casa Lidia, caminar unos 7 minutos por la colina cuesta abajo (un tramo se tiene que bajar por escalinatas) hasta la parada del tranvía junto al rio.  Tomar el tranvía número 17 que recorre todo el rio, después tomar la conexión #22 que cruza el rio y recorrer lo que llaman el “nuevo Praga” o el área de Malá Strana que significa lado pequeño.  Este tranvía es el mejor para ver la ciudad y sube hasta donde está el Castillo de Praga, el palacio y otros lugares importantes y ofrece paisajes espectaculares de la ciudad, además se pueden visitar los jardines del palacio, el parque “Petrinske Sady” y hay una vereda especial que recorre todos los jardines bajando por la colina.   Desde esta parte de la ciudad se llega también a la Catedral de San Vito, hermosa catedral con vitrales fenomenales y estilo neogótico, escenario de la coronación de todos los Reyes de Bohemia además de ser panteón real, las columnas y los arcos de la catedral son impresionantes.
Desde afuera por la entrada al palacio, se aprecia un panorama bellísimo de la ciudad y también se puede ver a los guardias de vigilando los portales, lo mejor de todo es bajar por las calles desde arriba hasta llegar a la calle principal del barrio (Kamelitská).  Estas calles son bastantes pintorescas y no están bombardeadas de turistas como en la parte “antigua” de la ciudad, cerca del Reloj astronómico y el barrio judío.  Definitivamente esta es mi parte favorita de Praga, todo es más tranquilo.  Además de lo pasivo que se es, se pueden apreciar otros puntos de interés,  como la parroquia de San Nicolás (se puede subir a la torre de esta y admirar la ciudad desde el andén de la cúpula), la Parroquia de Nuestra Señora de Victoria, y la casa donde vivió Mozart en la cual compuso su famosa obra Don Giovanni en el barrio de Smíchov (que por cierto, por estas calles se filmo la película de Amadeus Mozart). 

Aquí en este barrio de Malá Strana tomo lugar el Congreso de Space Generation para las Naciones Unidas al que asistí (Universidad de “Carolina” de la facultad de matemáticas y física, la universidad más antigua y una de las más prestigiosas de Europa Central y Occidental), aparte de que el Congreso fue de lo más interesante por su diversidad y calibre de mentes brillantes jóvenes en el campo espacial alrededor del mundo, el congreso no podía haber tomado lugar en mejor locación.  Esta facultad es parte de lo que fue el primer monasterio jesuita de Praga anexo  a la Parroquia de San Nicolás.  Las aulas son bellísimas, con arcos neoclásicos y algunos frescos en ciertas aulas.  Durante los almuerzos del congreso tuve la oportunidad de probar comida checa autentica: sopa česká bramborová (la sopa nacional), platos rebozados de pollo, carne de res y puerco, y no podían faltar los panes knedliky (pan de harina o de papa con huevo y levadura).  

Después del congreso en las tardes, me tomaba un café en “Uzavesenyho Kafe” un lugar muy bohemio y acogedor del barrio moderno y luego cruzaba el puente Charles para admirar el castillo justo en el atardecer.  Luego recorría las calles del barrio antiguo, pasaba por el barrio de Wenceslao,  me regresaba en tranvía hasta el rio y finalmente regresaba a casa a tomar un té o una copa de vino tinto mientras escuchaba música clásica en el área del comedor de la Casa Lida (ofrecen vinos variados además de otras bebidas, las cuales tienes que pagar al final de tu estancia).  

Como ya lo he mencionado antes, pienso que al viajar y para experimentar los lugares como un habitante local (dejando a un lado el estereotipo del turista fastidioso) se necesita una combinación de flexibilidad, eficiencia y se tiene que ser bastante practico.  Obviamente, se dejan a un lado los lujos y las comodidades a la que se tiene acceso y los que se está acostumbrado, pero todo es cuestión de perspectiva y de mantener una mente abierta y una actitud positiva para que el viaje sea ameno y se convierta en una aventura.  Viéndolo de manera práctica, si la mayor parte del tiempo la voy a pasar fuera del hotel conociendo la ciudad, solo necesito una habitación barata, limpia y que provea servicios básicos en la que pueda dormir tranquilamente, es todo lo que necesito.  Además, en este tipo de lugares tipo “Bed and Breakfast” se conoce a todo tipo de personas del mundo y obtienes algunos tips extras.  Obviamente no ofrecen servicio a tu habitación en caso de que necesites algo después de ciertas horas y no hay personal que este ahí las 24 horas para atender a tus dudas, pero aun así son lugares fenomenales y entras y sales como si estuvieras en tu propia casa.  El lugar alejado de lo convencional, nos dio la oportunidad de comer en lugares que ofrecen comida Checa casera muy tradicional a precios muy bajos y además tuvimos la oportunidad de probar cerveza producida en la región, que para mi gusto es de gran calidad y tiene un sabor muy placentero. También tienen vinos regionales que compiten con los vinos italianos y franceses.  Otras comidas que que caben de mencionar son las bramborák (croquetas de papa) y el Španělské ptáčky (carne de res con relleno de tocino, huevos, cebollas y pepinillos)

Praga es uno de los lugares que ofrece grandes conciertos de música clásica, obras de teatro, shows de marionetas (tradicional en el este de Europa) y bellos conciertos pequeños y privados en parroquias de la ciudad.  Normalmente estos conciertos son ofrecidos por cuartetos o por solistas y la verdad que valen la pena.  Estar sentado bajo un techo de grandes alturas, con pinturas y frescos plasmados en sus diseños, con una arquitectura impresionante de su era y estar alrededor de iconos, velas e imágenes que narran por sí mismas la historia, la cultura y las creencias de su pueblo al son de violines, no tiene palabras.  Hablando de parroquias, el domingo y último día de mis estancia en Praga, fui a misa con Mike en la Parroquia de Nuestra Señora de la Victoria del Nino Jesús de Praga que es atendida por un convento de monjas carmelitas.  

Buscamos una iglesia que ofreciera misa en inglés o en español y dimos con esta parroquia, al entrar sentí una conexión especial, no sé si fue el ambiente, los cantos, o la espiritualidad del lugar. Esta parroquia tiene gran historia y es testigo de peregrinajes desde todas partes del todo mundo ya que se le atribuyen milagros al niño Jesús que está en esta misma.  Independientemente de si los milagros sean verdaderos o no y de las creencias de las personas que lean este blog, creo que es impresionante la fe de las personas.  La iglesia estaba completamente llena durante la misa y los coristas hicieron la misa aun todavía más especial.  Había gente de todo el mundo, de Corea, Indonesia, la India, el medio oriente, África, otras partes de Europa, y obviamente de todas las Américas.  Durante la homilía, reflexione en las bendiciones que Dios nos ha dado y en lo mucho que esas bendiciones tienen que ser compartidas con otras personas.  De igual manera me puse a pensar en el cristianismo universal y de cómo la fe une a las personas a pesar de su credo y cultura.  Los más genial de todo esto es que en cualquier parte del mundo en la que he estado, he tenido la oportunidad de asistir a misa los domingos en iglesias, catedrales, parroquias y basílicas cuya edificación y diseño por sí mismas transmiten una riqueza espiritual y cultural en las personas independientemente si están de acuerdo con el catolicismo o no (personalmente yo no estoy de acuerdo con algunas cosas).  Además de escuchar la palabra de Dios en otros lenguajes y de sentirme como si estuviera en casa, porque los cantos, los rituales de respeto, y el saludo de paz hacia el prójimo es lo mismo donde quiera, sabes que en todas partes del mundo se lee el mismo evangelio y por lo tanto las palabras de reflexión aunque tienen un mensaje parecido, llegan al corazón de las personas de maneras distintas, según sus circunstancias y sus ideologías, pero al final de cuentas nos conecta a todos de manera común.  Para más información sobre esta iglesia, les recomiendo visitar la página:  http://www.pragjesu.info/en/

Después del congreso mis últimos días en Praga fueron más destinados a “turistear”, inevitablemente me vi en la necesidad de ser parte de las manadas, por unos instantes.  No acostumbramos a comprar suvenires, pero Mike y yo si tenemos la costumbre de comprar magnetos para el refrigerador de cualquier lugar que visitamos como recuerdo personal.  Así que tuvimos que meternos entre las masas un ratito y agresivamente evadir el tráfico de personas que te atropellan en sus recorridos desmesurados por llevarse un recuerdo vivo de lo comercializado.  Ah claro, no pudo faltar mi compra milenaria, mis queridos y fabulosos campers.  Son los mejores zapatos europeos para caminar además de ser bastante chic.  Siempre que tengo la oportunidad, me compro un par porque duran bastante y son difíciles de conseguir en Estados Unidos.  Desde que compre mi primer par en Italia hace 10 años, decidí que eran mis zapatos favoritos (aun tengo ese par y es mi favorito).  Yendo a la par con lo práctico, no soy una chica de tacones altos (que tortura), mi vida es simple y el mundo se recorre mejor caminándolo cómodamente, sin ampollas, desequilibrios y tobillos torcidos, además que estar a la moda o ser víctima de ella no es lo mío. 

Por último, recorrer las calles de Praga por la noche cuando las masas de turistas se han ido a dormir es lo mejor, además de que es súper romántico.  Mike y yo recorrimos casi todo Praga a pie y bajamos la colina desde el palacio hasta el barrio nuevo para finalmente pasar por el puente Carlos y admirar la ciudad desde ese punto.  El recorrido desde la colina es bello, caminar por los  jardines reales y luego por las calles empedradas, bajar escalinatas bajo túneles que conducen a callejones mágicos y admirar las cúpulas y las estatuas iluminadas que hacen a uno retroceder al pasado, imaginarse cómo vivía la gente, sus recorridos, sus historias personales, que pasaba por sus mentes en ese preciso momento en el que igual bajaban por tales calles o admiraban las estatuas que duermen de día y admiran al observante de noche bajo una tenue lluvia y un frio un tanto ameno.  Si los monumentos y las estatuas hablaran, narrarían historias diferentes de la gente de paso y del pasar del tiempo y las diferentes generaciones vislumbradas por personas inertes en piedra.  Las estatuas de Praga probablemente aun se están acostumbrando a la diversidad de turismo, a las diferentes razas y diferentes vestimentas de los turistas de todo el mundo los cuales en una época pudieron haber sido perseguidos secretamente por ser foráneos, a la nueva etapa de una región que paso por mucha historia, que fue víctima del comunismo y que ahora se ha abierto a visitas globales.  

Intentamos ir a un concierto esa noche en la fuente Krizik, pero llegamos tarde y ya no lo alcanzamos el último concierto.  Esta fuente es muy famosa en Praga, un poco algo alejada de la ciudad, muchos transportes turistas cobran dinero por llevarte, pero nosotros tomamos el tranvía que se para justo en frente del teatro donde está la fuente.  La fuente fue construida para ofrecer conciertos de música clásica a las masas populares.  Mientras se escucha el concierto, la fuente cambia de colores según el ritmo de la música.  A un lado de la fuente este la arena Tesla donde se juega hockey.  Ese día había una multitud de adolescentes y preguntamos qué estaba pasando, un chico nos comentó que todos iban a ver al famoso DJ David Guetta.

Durante las últimas horas en Praga, Mike y yo vimos la ciudad desde la colina por última vez, bajamos por unos callejones escondidos, pedimos un shawarma de cordero para llevar en un pequeño puesto libanes, cruzamos el puente entre las masas, nos regresamos en tranvía hasta la Casa Lida, recogimos el equipaje, nos subimos a otro tranvía hasta la estación de autobuses y finalmente partimos hacia Český Krumlov, otra ciudad mágica.  Por cierto, utilizamos la flotilla de autobuses de Student Agency, que es muy barata y cómoda, te ofrecen chocolate caliente, té o café, además de que tienen internet inalámbrico.  Se pueden hacer reservaciones en línea y recomiendo que se hagan con al menos un mes de anticipación, ya que los asientos se agotan rápido. No pudimos tener mejor despedida de Praga que recorrer las calles por autobús, es una ciudad fenomenal, definitivamente una de mis favoritas en Europa Oriental.

Al regresar a Houston y terminar de escribir este blog, mi abuela me contó que la tatarabuela por parte del bisabuela Bernardo era devota del Santo Niño de Praga y en su habitación siempre tenía su imagen.  Yo no tenía idea de ambas cosas (de la existencia de esta parroquia en Praga y de la devoción de la tatarabuela).  Tal vez esa fue la conexión que sentí al entrar a la parroquia.